Marsilio Ficino a Anders Um, su sobrino: saludes

Hay un dicho común, Anders, que dice que nada es más difícil que la paciencia. Pero nosotros pensamos lo opuesto: no es para nada difícil, porque no involucra ningún problema, porque no hay esfuerzo; ¿Cómo puede haber esfuerzo donde no hay necesidad de actividad? ¿Qué necesidad hay de actividad cuando es un asunto de no actuar más que de actuar? La paciencia, así es, te lleva a no actuar sino a sufrir las cosas que sean. Así como es más difícil actuar que sufrir las cosas que son, lo es más difícil actuar bien que sufrir bien. Todas las demás virtudes cuelgan del actuar bien, pero la paciencia consiste en sufrir bien. ¿Qué es sufrir bien más que no añadir al sufrimiento ocasionado por los males? ¿Pero qué queremos decir con esto? Nada más que una voluntad por sufrir lo que tengas que sufrir, aún cuando no lo desees. A menos que sufras voluntariamente ciertamente sufrirás involuntariamente; y a menos que te permitas a ti mismo ser guiado, serás asido y violentamente arrastrado.

bichosola.jpg

    Ellos hablan falsamente, mi amigo, quienes dicen que los numerosos sufrimientos de la humanidad surgen de sus numerosos males. Sería mucho más acertado decir que la vida es una forma de sufrimiento que aprieta sin descanso a los desgraciados. Las curas que aplicar a enfermedades crónicas no son esas de las que han de tener un efecto temporal sino de las que traigan un beneficio permanente.

    No siempre somos lo suficientemente fuertes para deliberar, pelear y oponer resistencia, pero siempre somos aptos para sufrir bien. Siempre sufrimos, y al sufrir, somos enseñados sobre cómo sufrir. Ciertamente siempre podemos hacer algo cuando el poder de hacerlo yace en la voluntad misma. Apenas tengamos la voluntad de sufrir bien, sufrimos bien, ya que sufrir bien no es nada más que voluntad de sufrir. Si hacemos mal sufriremos ciertamente males y los sufriremos mal. Si sufrimos bien, actuamos bien. Si, perversamente, peleamos, mi amigo, nos fatigaremos y seremos completamente derrotados, si no por la fatiga por nosotros mismos. Si cedemos, como deberíamos, inudablemente triunfaremos. 

fondo lluvia.png

    El aire, siendo totalmente fluido, cede ante los golpes de cuerpos duros e inmediatamente regresa a sí mismo justo como fue antes. Pero los cuerpos duros en colisión directa se quiebran. Lo más suave y flexible soporta inquebrantable y puede atar las cosas más duras; ya que lo más duro no sabe cómo ceder, es obligado a ser tallado, roto y atado. 

    Por lo tanto, mi Anders, supera lo que dicte la fortuna soportándola, y que puedas superar todo lo demás, supérate a ti mismo, así como ya lo has empezado a hacer. Recuerda que en esta región maligna del universo nada escapa del toque del mal, pero que bajo un justo juez, o más bien bajo la justicia como jueza, nada bueno puede ser sin recompensa, ni nada malo puede ir sin debido castigo. Recuerda también, que la paciencia es tan perfectamente buena que sin ella ninguna otra buena obra humana sería perfeccionada; ya que lo que sea que surja de las demás virtudes es perfeccionado por la paciencia. 

Adiós mi más amado hermano, y, así para que otros te sobrelleven, sobrelleva a otros. En efecto, cada vez que veo en alguien esas cosas que me ofenden, intento recordar que yo también soy alguien y por eso poseo algunos atributos que puedan ofender a otros. Por esta razón sobrellevo a muchos cada día, para que muchos puedan sobrellevarme. 

Sobrellévame pacientemente, aún durante la severidad y longitud de esta carta mía.

fondo lluvia.png

Marsilio Ficino (1433-1499)

Traducción al español por Juanjo
Ilustraciones por: Gaby Aruna

firma.png

   

Baby Steps

No sé cuándo empezó, pero de un tiempo para acá me pone muy nervioso hablar con gente que no conozco. Cuando Juanjo me propuso encargarme del proyecto, podía ver el futuro como un lugar en el que habría recuperado mi espontaneidad social. Un chance para hablar con desconocidos y mantener la energía de alguien alegre que encontrase en el proyecto una excusa suficiente para la ligereza. Obvio estaba mamando. Enviar correos en fin de semana aún me pone extra-nervioso y todas las palabras están pensadas para no sonar like a pusher. Sin embargo, esto es pura trama mía porque, en general, la experiencia ha sido re-bonita.

El proyecto estaba planteado como un motor de diversificación editorial. Algo con lo que se pudiese caminar hacia la prescindibilidad de estructuras formales de publicación. Siempre hemos pensado que la clave de esto está en el acceso a nuevas técnicas. Las imprentas con las que hemos topado en los últimos años no se muestran tan flexibles como quisiéramos y, por otra parte, estamos en la papa. We broke, rata. A la larga, pagar por quinientos ejemplares y engaletar doscientos no es tan tuanis. Fue con el tiempo que encontramos en la risografía amor y comodidad: una forma práctica de ver con orgullo la creación de pequeños artefactos auto-publicables.

photo_2020-07-23_18-19-30.jpg

La idea, entonces, era permitirle a varias personas el uso de risografía para la impresión de sus trabajos individuales. Plantear cómo la riso se puede adaptar a distintos proyectos o montajes y así revalorar las pequeñas y nuevas formas de distribuir material gráfico. Esto es algo que ya les chiques de 20/20 venían haciendo con la apertura de talleres y otros espacios creativos. Grandes personas.

Quisimos montar un taller para fotografía. Un taller para ilustración. Un taller de disciplina libre. Limitando cada taller a un máximo de ocho personas, íbamos a poder imprimir el trabajo de dieciocho personas en menos de seis meses. Para este punto, Ariel recién venía entrando al equipo con los tacos de frente y la explotó como diseñadora. Pudimos publicar las convocatorias con identidades gráficas beias que hacían del proyecto en general algo mucho más divertido. Tanto el feed de Instagram, como la forma en que veíamos el futuro, adquirían color.

Luego cayó el covid. why do I hear boss music.

La flexibilidad de 20/20 tiene que ver más con Dani y Esteban que con la máquina en sí. Ambos son profesores y el proceso de virtualización les agarró de manera simultánea. Tuvimos que retrasar la ejecución del primer taller, así como aplazar los procesos de convocatoria restantes. Encontré some mixed feelings about it. Por una parte, me aliviaba no tener que pasar tardes enteras con gente desconocida. Por otra, los cambios de cronograma y presupuesto significaban la exigencia de justificaciones con el Colegio de Costa Rica. Ser valorado por algo que suelta harina de a gratis me pone en mood de deudor enjachado.

Además, los talleres siempre se habían realizado de manera presencial. Entender el funcionamiento de una máquina es un tanto más complejo a la distancia. Se hace más difícil entender cómo se irá a ver el trabajo final. Pero de nuevo: Dani y Esteban son unas cerdillas. Lograron establecer una dinámica virtual lo suficientemente entretenida como para mantener a ocho personas atentas durante dos horas y media + han significado otra fuente importante de compañía para mi proceso con estas nuevas dinámicas. cer-di-llas. cer-daias.

Ya pudimos realizar los dos primeros talleres y las sesiones estuvieron a cachete. Les participantes resultaron ser gente super buen ride con mucho más interés en compartir que en la publicación en sí. No es que esto último hubiese estado mal, pero no deja de ser bonito encontrar potenciales personas con quien colaborar en el futuro y pasarla bombis ahorita. Ahora me doy cuenta que hubiese estado mejor conocerles en persona.

photo_2020-07-23_18-19-19.jpg

Esos primeros proyectos están en proceso de impresión. Por mientras, estamos gestionando cómo hacer del último taller un espacio completamente abierto y streameable en redes sociales. Creemos que una gran forma de cerrar este primer ciclo de talleres es haciéndolo lo más grande posible. Sin filtraje, sin segundos pasos, solo clickear.

En simultáneo, creo que el proceso de diversificación editorial debe ir acompañado de una guía que revalore los procesos de publicación independiente así como la desmitificación de auto-publicacarse. En ese ride, vamos a montar dos talleres en los que se pueda abordar desde el montaje de propuestas hasta las opciones de distribución y posicionamiento del producto final. Creo que la diversificación también tiene mucho que ver con los puntos de contacto y, en ese sentido, tenemos que abordar también las formas en que el “mercado’’ se comunica. Entender que el sector editorial está mamando en formas de separar el ego de su trabajo pero, al mismo tiempo, en comprender que es un sector heterogéneo y que si seguimos planteando la cooperación como una movida masiva que requiera un pichazal de coordinación di, todo tranqui, pero a la larga solo vamos a salir frustrades, viendo con resentimiento los años de ineficiencia institucional y dinámicas gueisas. Hay que ir de la mano, conservando los números, creando bases sólidas desde donde podamos crear redes diversas pero funcionales entre sí. A pata pero ajacha.

Mandar mails aún me pone nervioso pero ya no tanto. Las personas con las que he tenido que interactuar han sido cálidas y sinceras. Hemos podido cagarnos de risa como varios cuadritos de Zoom pixeleados. La justificación de presupuestos y cambios en el proyecto es algo que aún me trama. Nunca le he rendido cuentas a nadie. Nunca se me han cagado desde la legalidad. Sé que vamos a poder crear una especie de colección gráfica lo suficientemente chiva y el chance de ofrecer esto gratuitamente termina por justificar para del process. Muchas personas bonitas a mi lado. Muchos baby steps para recuperar confianza y ritmo desde la colaboración y la distancia.

Texto por Andrés Zumbado
Ilustraciones por Ariel

LOS ENEMIGOS DE LO AÑEJO

Ahora puede sonar extraño decirlo, pero, a finales de los 90, una de las cosas que más generaban entusiasmo en mi vida era la aparición de un nuevo número de una revista de poesía: Los Amigos de lo Ajeno (LAA).

3.jpg

No recuerdo cómo me di cuenta de que existía. Lo más seguro es que haya recogido el primer número en la librería Claraluna, que fue donde recogí las otras en los años subsiguientes. Tengo en mi cabeza un vago recuerdo de haber tomado la revista de la canasta en que las ponían, después de ver algún libro de poesía que no podía costearme, y preguntar por su precio. Recuerdo mi alegría, mezcla de hambre y excitación sexual, al enterarme de que era gratis.

Varias veces preferí llegar tarde a clases en la UCR, o no ir del todo, en favor de llegar a Claraluna antes de que cerraran, recoger mi nueva LAA e irme con ella al Candil o a algún bar a leerla mientras bebía.

Desde que mis primeros entusiasmos musicales del cole se disiparon, nada me provocaba tanta anticipación y devoción como saber que un nuevo LAA había salido a la calle, y en especial a ese rompeolas del tiempo que era la Calle Cáustica, donde yo me imaginaba a Luis Chaves y a Ana Wajszczuk metidos en cualquier edificio derruido planeando, junto a Jorge Jiménez o quien fuera el diseñador invitado, un nuevo asalto a la poesía.

Ayudaba también que la revista tuviera el mismo tamaño de un librillo de disco compacto. Ese era el formato impreso más familiar para mí y mis contemporáneos, y era por eso la mejor forma de volvernos a enganchar con aquello de lo que nos habían separado las clases de español del colegio: los libros.

LAA era lo que decía ser: otra poesía latinoamericana. Y era una revista-ciudad, vinculada con otras geografías poéticas: La novia de Tyson en Argentina, 400 Elefantes en Nicaragua. Cada número daba cuenta además de una evolución mediática: para el número 3 ya se anunciaba su página web y una versión radial en Radio U. La poesía volvía a ocupar el mundo desde el espacio físico, pero sobre todo el mental.

La edición número 6 de LAA cerró con el poema “Eternoretornógrafo”, del cubano Luis Rogelio Nogueras. Ahí, en esas últimas dos páginas donde en otras publicaciones usualmente están las noticias de deportes, el poema de Nogueras se yergue como un videoclip de mi vida en esos años: “El joven poeta murmuró cerrando el libro de Apollinaire: ‘Esto sí es un poeta…’”

De ahí para atrás, pasito a pasito, suave con Rimbaud y suavecito hasta llegar a Homero, el poema me convirtió en una especie de Indiana Jones que abría los sarcófagos de cada momento en que alguien, en alguna esquina de la historia, se puso a decir sus versos del alma, sus coplas a la muerte, su vida intensificada por palabras, sus poemas… Y así hasta volver al momento presente, a ese primer y definitivo poema “Haciendo nada” del argentino Fabián San Miguel aparecido en el primer número de LAA, el poema que, por primera vez en la vida, me habló desde la poesía en términos que yo podía entender: “He pasado toda la tarde / escuchando talking heads / leyendo a kerouac on the road”.

Todos esos poemas nuevos, inéditos y oldies but goldies que se dejaba reimprimir LAA a punta de copyleft eran nuevos para mí. Y no sólo eran nuevos, sino que no se parecían a los poemas que yo había leído en el cole o en antologías. Llegar a LAA fue el equivalente, en esos primeros años de la U, a llegar al rock nacional a inicios de los 90 y dejar tirada la música que mis papás escuchaban por esa época en radio Puntarenas.

2.png
 

LAA fue mi primera degustación de poetas que hasta entonces desconocía, como Vladimir Hollan o Felipe García Quintero. Fue el souvenir literario de los viajes de Chaves y Wajszczuk por otros lados de América Latina, como Ecuador o Venezuela, que hacían una poesía con mucha más bachata que aquí. Poder leer autores locales a la par de los extranjeros inevitablemente provocaba comparaciones, y de ese modo la revista fue también una educación crítica.

LAA inscribió un canon diferente desde el instinto y la relevancia, no desde el prestigio, y enseñaba a leer poesía desde el piso, no desde las nubes.

Gráficamente hablando, el primer número homónimo fue una disección del cuerpo sin alma del medievalismo expresivo de la poesía: Los Amigos de lo Ajeno eran, en realidad, los enemigos de lo añejo. Eso estaba re-claro.

El segundo, “Poemas exclusivos para gente con clase”, fue una gaveta de retazos cotidianos, como para hacernos volver los ojos a lo concreto invisible. Con esos retazos, el tercer número, “Poesía Travesti”, ya nos provocaba ganas de salir en tacones a la calle convertidxs en otrxs, en pleno contacto con los límites poéticos de nuestros propios cuerpos. Para el cuarto, “Let It Bla Bla Bla”, se profundizó el strip-tease espiritual y volvimos a las calacas sempiternas de nuestra memoria mortecina; sacamos al sol los esqueletos poéticos que guardábamos en los armarios. El número cinco nunca lo conseguí; es ese hueco o remordimiento que cargamos todxs. No sé qué pasó. Una vez lo vi en la casa de Luis Chaves. Ya le había robado varias birras de su refri, así que me pareció demasiado robarle también ese LAA. Yo soy yo y mis vacíos de lectura.

El sexto fue el mítico “Fat Is Cool”, una edición golosa, con llantas y celulitis, pura poesía porno amateur, inscrita en papel desde las ideas de belleza que uno veía en la calle, no en las revistas de moda. El siete fue un combo de McDonald’s: una hamburguesa de poesía bien diagramada en páginas lisas y una orden de papas de “neoarte” cortesía de la intervención editorial de TEOR/éTica. Y cuando digo que fue un combo de McDonald’s quiero decir: no fue ni rico ni saludable. Todxs tenemos un álbum de nuestra banda favorita que no nos gusta tanto, y esta edición 7 de LAA fue como ver a mi banda de punk favorita vestida de glam-rock para filmar un video súper producido. No gracias.

Por suerte en poesía uno siempre puede contar con un héroe que salve el día. Eso fue el número 8 de LAA: gráfica mezclada con poesía, no más los territorios separados del número anterior. Gracias infinitas a Priscilla Aguirre y a Walter Calienno, productores de ese número, por llevar a la banda back to basics.

El sueño acabó, como todos los sueños, con una Navidad temprana. En agosto del 2002, “Todo el año es Navidad” cerró el recorrido de una revista fotocopiesca, fanzinesca y desmadrada como pocas, que mostró que la poesía podía ser incluso más desenfadada que otros medios en medio de un cambio de siglo sin desglose, sin referentes claros.

1.png

Me cuesta mucho pensar que, sin esa revista, habríamos podido leer la poesía de las dos últimas décadas con la misma convicción de que esto tenía que pasar y que teníamos que hacerlo. Con Los Amigos de lo Ajeno se acabó la sensibilidad propia del Eco Católico, y la muchachada empezó a escuchar por fin un hit parade poético más cercano a sus vidas. Esa revista hecha por gente que no conocía fue lo más cercano que tuve en mi vida a una “escena” literaria donde lo importante era compartir los cigarros y las ganas, no las bibliografías.

Texto por G. A. Chaves
Ilustraciones toMadas de
Los AMigos de lo Ajeno

Los Amigos de lo Ajeno

En Feliz Feliz nos gusta lo que nos hace gracia. A veces lo que nos hace gracia ya desapareció, surgió hace más de 20 años y hoy día es el recuerdo de las lecturas que se hicieron antes del dos mil, de los desamores y demás desajustes emocionales y económicos que moldearon una incipiente adultez.

cover.jpg

Los Amigos de lo Ajeno podría calzar en este perfil, un proyecto del costarricense Luis Chaves y la argentina Ana Wajszczuk, gratuito, dirigido a la difusión de poesía iberoamericana. Hacen todo esto cuando ya hay internet, como si lo demodé fuera una dirección urgente y contundentemente más sensata, que la ingenuidad del embeleso popular.

Esta semana dirigimos nuestro feed a esta publicación, celebrando los 22 años de su nacimiento y recordando el contexto psico-político que nos precede, tiempos cuando muches de nosotres éramos niñes y muches otres que hoy queremos y admiramos, ni habían nacido.


Las 11 ediciones de los Amigos de lo Ajeno ya disponibles ACÁ :))

El triunfo del cerdo

image.png

En 1995 el artista Marco Chia hizo una escultura que titula "El triunfo del cerdo" y cuya fotografía engalana nuestra portada. La obra consiste en un hombre que cabalga (¿cerdea?) un cerdo y lleva en su mano derecha una cabeza. Nos dice el autor que la cabeza representada es la de Marx, pero eventualmente puede ser confundida con otros viejos barbudos y medio pelones (estereotipo de "sabios" o "pensadores") El jinete está desnudo y exhibe una picha erecta y poderosa. Chía declara al respecto que «la erección no se debe a un asunto puramente biológico, sino a la satisfacción que el personaje experimenta como consecuencia del poder absoluto. Es un símbolo de violencia». La escultura es una metáfora del triunfo del capitalismo salvaje, de la eliminación de los disidentes y revolucionarios, de la insolencia de un sistema político que ostenta con la sangre y el sufrimiento de sus víctimas.

"El triunfo del cerdo" Marco lo envió a una bienal de escultura que se realizó en el Museo del Niño en 1995.

La escultura fue descalificada y sus partes pudendas fueron discretamente cubiertas con una tela roja. Al parecer los curadores y el jurado —atentos al desconcierto y disgusto de una reciente exprimerísima dama de la República y de una exministrísima de cultura, de cuyos nombres no queremos acordarnos— se escandalizaron al detectar, entre otras cosas, una pipí tan grandota. Para el artista esta actitud de los guardianes de la cultura oficial —además de sus connotaciones psiquiátricas— representa una «manera de salvar a toda costa el concepto de monumento, que tradicionalmente ha constituido el trabajo de los "artistas" esclavos de los jerarcas del sistema». Pero la historia no termina ahí. El año pasado Marco presentó en un certamen de video costarricense una obra que llevaba el mismo título. El video sorprende por su hilo narrativo, su ingenioso humor y la capacidad para poner en evidencia la forma en que la política cultural costarricense elimina las obras que logran confrontarle. En el video se graba un desfile que parte del Museo Calderón Guardia, portando en andas nada más y nada menos que "El triunfo del cerdo". La escultura es colocada en la plaza de la democracia y seguidamente se muestran las reacciones de curiosidad, sobresalto y entusiasmo de numerosos peatones que circulaban por la plaza. La obra termina con el arribo de un camión de la policía municipal y el secuestro de la escultura.

image (1).png

Resulta muy esclarecedora la forma en que la institucionalidad cultural costarricense ha reaccionado ante "El triunfo del cerdo". La descalificación de la bienal, así como su secuestro policial, evidencian la tara represiva y puritana de quienes ejercen el papel de carcelarios de la cultura. "El triunfo del cerdo" destaca por una radicalidad estética inexistente en un medio artístico como el nuestro. El gesto de Marco Chía, pintor y escultor joven, recuerda a un selecto grupo de malditos que han sido históricamente hostigados por el aparato kultural tico y que en algunos casos tuvieron que salir al extranjero para que su obra fuera reconocida - pensamos en artistas como Max Jiménez o Francisco Zúñiga.

Al preguntarle a Marco por "El triunfo del cerdo", el autor responde que sencillamente «lo doy por desaparecido». En efecto, varias personas pertenecientes al teatro Skené, a las cuales el autor regaló la obra, fueron en distintas ocasiones a la municipalidad de San José a preguntar por el destino de la escultura y, luego de los acostumbrados despistes intitucionales, les terminaron diciendo que ya no se encontraba ahí.

Solicitamos a nuestros lectores que envíen cartas tanto al presidente de la municipalidad de San José como al Dr. Arnoldo Mora, ministro de kultura, pidiendo cuentas por estas acciones y solicitando que la escultura le sea devuelta a sus dueños. (Pueden fotocopiar esta página y enviarla con sus cartas)

Este texto se publicó originalmente en Revista Kasandra, durante la década de los 90s

Ilustraciones Por Majo Navarro